Bajo la luz del gran astro
largamente yo te busqué.
Con tu rostro de alabastro
muchas veces, feliz, soñé.
¡Esta noche, como todas,
brillas tal como la luna!
como lo dije en mil odas
que buscaron su fortuna
en un gesto silencioso,
hermoso, maravilloso...
en tu sonrisa silente,
bonita, inteligente,
de ningún modo inocente,
mas plenamente consciente
de la adoración ingente
en los versos evidente,
convertida en resignación,
en cariño y admiración.
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