De poco sirve que como rey ocioso en este callado hogar, entre estas rocas estériles y atado a una esposa anciana, yo imparta leyes a cada uno de estos salvajes, avaros, perezosos, glotones e irrespetuosos. No puedo dejar de viajar. Voy a vivir todo lo que pueda. He disfrutado mucho en todo momento; he sufrido de todo, tanto con quienes me han amado y en soledad, en tierra firme y cuando entre fuertes corrientes las lluviosas Híades alteraban al calmo mar. Me he hecho famoso, pues andando siempre con un corazón ansioso es mucho lo que he visto y conocido: ciudades, tradiciones, climas, concejos, y gobiernos por mí mismo y honrado por todos, y el embriago del fragor de la batalla junto a mis pares entre los vientos de las lejanas planicies troyanas. Soy parte de todo cuanto he encontrado. Pero toda experiencia no es más que un portal a través del cual brilla ese mundo que no he visto y cuya frontera se desvanece siempre y cada vez que me muevo. ¡Cuán aburrido es detenerse, fijar u...